Robert Frank: Suiza, América y…Andalucía
di // pubblicato il 13 Dicembre, 2011
"...un sentimiento muy simple, lo de estar en el mundo, existir, estar allí, nada mas" (R. Frank)
El Centro Andaluz de la Fotografía en colaboración con el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) acoge, hasta el 12 de febrero del 2012 una exposición dedicada a Robert Frank: Robert Frank. Colección del IVAM. Los visitantes podrán ver reunidos por primera vez collage, polaroids, secuencias, retratos y paisajes correspondientes al periodo 1947– 994 y pertenecientes a esta leyenda viva de la fotografía, que fue clave en la historia del fotoperiodismo.

Robert Frank cambió el rumbo de la fotografía documental presentando el reflejo de sus propias experiencias, como se aprecia en su primer libro, Les Americains (Los americanos), una de sus obras más conocidas, considerada como el libro personal de fotografías más importante tras la II Guerra Mundial.
Frank comienza trabajando para diferentes medios de comunicación en Suiza, pero muy pronto rechaza el punto de vista habitual de la mayoría de los fotoreporteros del momento para establecer sus propias reglas, intentando transmitir con sus fotografías una visión personal.

En el 1947 el gran cambio: los Estados Unidos y su profesión de reportero que lo llevará a conocer Bolivia y Perú. Entre el 1952 y el 1953 sigue en Europa su actividad de free-lance entre París, Londres, España y Suiza. Paralelamente entra en contacto con los principales exponentes de la nueva generación literaria y artística americana, sobre todo con la Beat generation, y consolída una firme amistad con Jack Kerouac, con el cual colabora y realiza un viaje on the road en el 1958 hasta Florida.
En los años Sesenta, a pesar del creciente éxito de sus trabajos, Frank abandona la fotografía para dedicarse completamente a la realización de películas. Un cine, el suyo, cargo de tensiones y temáticas puramente privadas e introspectivas como Conversations en Vermont (1969) o About Yo: A Musical (1971). Sólo después de la trágica pérdida de su hija Andrea, con apena veinte años, Frank vuelve a utilizar la cámara de fotos.

De la mitad de los años setenta a hoy, su fotografía está muy lejos de sus reportajes anteriores: usa colage, viejas fotografías, fotogramas, polaroid; escribe, araña e incide directamente en el lado sensible de la película.
Es como si Robert Frank - de naturaleza esquiva y solitaria - haya querido confiar en las palabras el cuento de una pequeñísima parte interior de si, y delegar a la imagen el cuento de los otros, de la realidad, de lo que es fuera, que puede ser cogido y hasta compartido. Otorgando así a la imagen el regalo de la palabra.

"Las fotografías hablan de fotografía, del artista, de sus imágenes, de nosotros. Como todo el gran arte que cuenta la condición humana", afirma Robert Frank", lleva en si la identidad del artista. No son miradas anónimas. No son lugares y gente anónimos. Son las palabras del poeta, suntuosamente ambiguas y perfectamente balanceadas, declamadas, enmarcadas sobre el muro, tenidas en mano, impresas sobre la página"