Más de 150 años de ópera y danza
di // pubblicato il 15 Novembre, 2011
Ha nacido en Barcelona el 4 de abril del 1847 y es todavía hoy uno de los símbolos identificadores de la ciudad. Una parada de metro lleva su nombre. A pesar de que haya sido destruido parcialmente por dos incendios, uno en el 1861 y uno en el 1994, es considerado uno de los más bonitos en su género. En su interior han trabajado también las sabias manos de Ramón Casas y Antoni Miró. Es uno de los sujetos más imponentes y fotografiado de las Ramblas.

No es difícil intuir que estamos hablando del Gran Teatro Liceu, escenario de las más prestigiosas óperas y de los mejores cantantes del mundo, uno de los ejemplos más solemnes de la arquitectura del siglo XIX, además de símbolo y lugar de encuentro de la aristocracia y la burguesía catalana.

Cuando las escaleras de la parada del metro Liceu nos introducen en las Ramblas dels Caputxins, es una sorpresa encontrar a la derecha un edificio tan solemne y elegante. La fachada exterior del Teatro no da completamente la idea de qué hay en su interior: lámparas de latón, de la tipica forma de dragón y tulipanes de cristal, butacas de hierro forjado y terciopelo rojo, fusión de emplastes dorados y polícromos. Todas estas decoraciones reflejan la suntuosidad típica de los teatros líricos del siglo XIX, junto a las más recientes.
Además de la famosa "bomba" del Liceu lanzada por un anarquista en platea en el 1893, el teatro fue protagonista de dos grandes incendios, por eso no se trata más del mismo edificio que fue construido, es una reconstrucción completa aunque fiel a lo original. El incendio del año 1994 casi destruyó toda la estructura a exclusión de la parte central de la fachada sobre la Rambla, el zaguán con las escalinatas, y el Saló dels Miralls (Salón de los espejos). La Sala del Teatro, en forma de herradura, es un calco del Teatro alla Scala de Milán. Y también la platea, cuyo aforo es igual a 2.292 espectadores y presenta cinco niveles, ha sido reconstruida.

Todo los clásicos del programa lírico internacional son pasados y pasan por estas salas, que acogen no sólo representaciones líricas pero también espectáculos de danza, conciertos y recitales. Faust, Jo Dalí, Le Grand Macabre, Il burbero di buon cuore, Le nozze di Figaro, La Bohème, Una tragedia florentina, son sólo algunos títulos de las obras en programación por la temporada 2011-2012.

En los días 19,22,25 y 28 de noviembre será presentada Le Grand Macabre, ópera del compositor húngaro György Ligeti basada en La Ballade du Grand Macabre de Michel de Ghelderode, estrenada en Estocolmo en 1978. La obra de Ghelderode (1934), inspirada en las danzas de la muerte medievales y la pintura flamenca, fue convertida por el libretista Michael Meschke y el propio compositor en una brillante pieza de teatro del absurdo, irónica y grotesca, sobre el fin del mundo, con personajes próximos al Grand Guignol y calificada por el propio Ligeti como «apocalipsis cómico». La música constituye un brillante collage de estilos (de Monteverdi a Wagner y Verdi, pasando por Beethoven y el mundo del jazz) con una orquesta ampliada por instrumentos insólitos (cláxones y otros elementos de percusión) y la alternancia de pasajes agresivos y salvajes con otros de carácter lírico.

El Liceu no se olvida tampoco de los más pequeños. Los espectáculos del programa Petit Liceu son muchos y todos de calidad. La Ventafocs, La petita Flauta Màgica, Allegro Vivace, Els músics de Bremen, El Superbarber de Sevilla y El gato con botas, junto con los balletes Petruixka, se presentan como ocasión de pasar un sábado o un domingo diferente y a un precio accesible.
A pesar de los incendios y sobre todo el badget reducido de los espectadores y los administradores municipales, los carteles del Gran Teatro Liceu continúan con la programación. Hasta cuando haya cultura, no habrá crisis, se espera.